domingo, 13 de septiembre de 2015

Corrí de León hasta Guanajuato (Mi primer Ultramaratón)

¿Qué estoy haciendo aquí? Me lo digo en tono de reclamo, mis piernas se mueven en automático y mi torso duele como nunca, faltan todavía 6 kilómetros para terminar y definitivamente estoy cansado; pero vamos al principio....


Éste viaje era mi sueño casi desde que empecé a correr, no tenía idea de la distancia, simplemente quería hacerlo y fue hasta principios de éste año que decidí a tornar el sueño en realidad, lo primero fue trazar la ruta; 56 kilómetros se veía difícil... pero posible.




No podría lograrlo solo, así que lo siguiente era encontrar a quienes estuvieran dispuestos a secundar el proyecto, ir por carretera no es precisamente seguro y menos aún si las primeras horas serían en la oscuridad; Fer Mata y Lalo son muy buenos amigos, que conocí unos meses atrás, ambos ultramaratonistas con experiencia y muy aventureros, a pesar de que prefieren los caminos de cerro, aceptaron ir, ahora ya éramos 3 locos en ésta misión.

Pero... ¿Qué pasaría si después de unas horas nos quedamos sin agua?¿Cómo regresaríamos de Guanajuato?¿Quien recogería nuestros cadáveres si algo salía mal?¿Quién nos tomaría la foto? Es aquí donde Adriana, mi gran compañera ya de varios kilómetros, entró al rescate, aceptó la idea desde que la planteé, no sería cosa fácil el estar esperándonos por horas, tener listo todo lo que podríamos necesitar y de pilón tomar las fotos y reportar por Facebook lo que pasaba; no tengo palabras suficientes, ni creo que ella imagine cuan agradecidos estamos por todo eso.

Ruta, compañía en el camino y equipo de apoyo ... ahora a correr.


Yo y Fer Mata en el centro. (Foto por Lalo)
Son casi las 5 a.m. la plaza principal de la ciudad que funge como salida luce vacía, Fer ya me espera y Lalo nos topará en el camino, el cielo está perfectamente nublado lo que augura un clima excelente para el trayecto que nos espera, los primeros kilómetros pasan volando, de pronto ya estamos en la carretera y un camión que pasa zumbando a centímetros de nosotros nos da la bienvenida, mientras vamos cortando la oscuridad con las lámparas frontales, el camino se siente ligero, Lalo y Fer narran sus peripecias en el "Ultramaratón de los cañones", en Guachochi.

Un letrero anuncia que estamos fuera de León, yo reaccionó en lo que está pasando, ya estoy corriendo un Ultramaratón, ya estoy cumpliendo un sueño y nada podrá pararnos; a medida que avanzamos el cielo se ilumina, el clima sigue nublado y fresco lo que es de gran ayuda para ir cómodos.




Pasa un rato y hasta Lalo va un poco serio, las mochilas ya se sientes mas livianas, lo cual no es muy buena señal a mitad del camino, afortunadamente ya lo tenía previsto, Adriana y Cynthia ya nos esperaban; una Coca-Cola que supo a gloria era justo lo que necesitábamos para recobrar el ánimo, rellenamos las mochilas, comimos un poco y ya estábamos de nuevo en la ruta.


De izq. a der. Yo, Adriana, Cynthia, Fer Mata, Lalo


Pasamos Silao y la meta ya era cada vez mas tangible, hasta ahora habíamos corrido en plano, pero la última etapa sería totalmente con desnivel positivo, de nuevo Adriana y Cynthia nos esperan por lo que haga falta, yo lleno mi bidón de mano, Fer y Lalo un poco de pinole "hasta aquí me puedo orillar, los veo en la caseta" me advierte Adriana, eso será 12 kilómetros después.

El maratón (42.195 km) llega justo cuando empezamos a subir, aún los coches que pasaban junto se escuchaban forzados debido a la inclinación del camino, por primera vez me empecé a sentir cansado ¡No dejaba de subir! contrario a mi plan original, tuve que caminar varios tramos para no agotar mi cuerpo y poder llegar lo mas entero posible.




A lo lejos se ve la dichosa caseta, es la entrada a Guanajuato, es el kilómetro 50, es la última oportunidad de tomar algo en el abasto -¡Solo quedan 6 kilómetros!. Le digo a Fer, ésto nos sube el ánimo, pero igual el camino no dejaba de subir.




Cumplí otro de mis sueños al atravesar los túneles de Guanajuato, sin embargo mi cuerpo ya estaba en su límite, o mas bien así lo sentía yo.




Fue aquí, igual que en el Maratón de México, cuando mi cuerpo ya no daba ,más de sí, que resonaron en mi mente las palabras de apoyo que estuve recibiendo antes,  aún durante por celular, también el impulso de honrar con mi esfuerzo a todos los que hicieron ésto posible, éste fue mi motor los últimos 6 kilómetros.

Y llegué... 

Entrar a ésa explanada con mis amigos esperando, sabiendo que lo había logrado, que había llevado mi cuerpo un poco mas de lo que yo pensaba posible, ésta vez sin llorar, quizá porque ya no tenía fuerzas para eso, fue aquí en la Alhóndiga de Granaditas que encontré "lo que te hace grande".

-Fernando Muñoz.







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