"A veces tienes que ir hasta lo más alto para entender cuán pequeño eres"
-Felix Baumgartner (antes de saltar desde la estratosfera).
Hay días buenos y días malos, tristemente no siempre en ese orden; aveces los malos hacen equipo, se quedan un buen rato, te hacen pasar un mal tiempo pero ni modo, ya estás en esta vida y no queda para donde hacerse.
Precisamente estaba atrapado en ese bloque de malos días (¿meses?) no siempre todo es malo, pero son cosas que me sobrepasan y la única forma que me sé para resolverlo es tomar los tenis y desaparecer un rato (si alguien conoce una más fácil que me avise).
No necesité la alarma, ahora hasta dormir es difícil y la falta de sueño marcó mi hora de salida, a las 5 a.m. estoy en camino al cerro que por alguna razón es mi lugar número 1 para escapar de todo/todos, el familiar camino de piedras da la bienvenida hasta llegar al mirador, ahí es la recompensa de ver toda la ciudad a lo lejos, no sé cuantas veces ya he visto como amanece y anochece desde aquí, otras simplemente paso sin detenerme, siempre al cuidado del cronómetro, pero hoy hay algo diferente.
Sentado en la barda del mirador, con el sonido del aire como única compañía, veo al horizonte, al montón de luces pequeñas que cubren la ciudad y ahí está, igual y no en esta misma ciudad, pero a lo lejos, está todo lo que me importa, lo que quiero, lo que odio, la gente que me importa, a quienes preferiría no haber conocido, amigos que son como familia, familia que no so ni amigos, la chica que me gusta, lugares donde he sido inmensamente feliz, y otros que preferiría olvidar; cosas que desde aquí se ven tan insignificantes, pero al mismo tiempo quitan el sueño.
Supongo que la conclusión de esta entrada es "no te asustes, y sigue" o algo así, quizá luego entienda que pasó allá arriba y termine por explicarlo con palabras.
-Fernando Muñoz.
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