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| Perfil de elevación y vista de relieve (Google Earth) |
Conozco la perfección el tramo en ciudad, cada subida me cuesta reservarme y no subir a toda velocidad pues sé que conforme avanzo el tramo será mas duro, con la mitad de la semana en paro, y la otra a un ritmo muy conservador, esto es lo que necesitaba, lo que tanta falta me hizo.
Ya en el kilómetro 8 se divisa a lo lejos la cima del cerro, una iglesia lo corona y un coche que casi me pasa por encima me recuerda que sigo en la calle un kilómetro mas y estaré en el hermoso, lodoso e impredecible camino.
Empiezo a sentir el lodo y algo se apodera de mi, corro como si fuera en una pista, voy rápido y ascendiendo, escucho mi corazón como si lo tuviera en mis oídos y no en el pecho, el penetrante olor de la hierva y la humedad me transforman y ahora me siento como un animal que va tras su presa, escucho solo mis pasos, mi respiración y mi pulso, no necesito nada mas, estoy feliz, estoy entero, estoy en mi naturaleza y no quiero irme, no quiero que termine el camino.
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| Sendero de la ruta |
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| Panorámica de la ciudad |
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| Panorámica de la ciudad |
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| Panorámica de la ciudad |
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| Iglesia en la cima del cerro |
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| Puente improvisado |
Ya en la cima, un bocadillo, y ahora la parte mas divertida ¡El descenso! juro que fui Kilian Jornet y Anton Krupicka por 5 minutos, esquivando una roca, apoyando en otra, resvalándome por la arena suelta, saltando para evitar bajadas abruptas todo en un espectacular sendero trazado por corredores y ciclistas de montaña, algún conejo que pasa es la única compañía en este salvaje camino.
De pronto llega la realidad, termina el cerro y estoy en una acera de la ciudad, esperando por el autobús que me lleve de regreso a casa.







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