sábado, 27 de septiembre de 2014

Correr en el cerro, una necesidad (Fotos)

Ya pasó una semana del maratón, luego de agonizar el día siguiente, y recuperarme un poco los días después, hoy decidí que podía dar mas así que elegí una ruta que me gusta mucho, solo son 10 kilómetros, pero el 80% de la ruta es de subida, gananado 400 metros de desnivel positivo (información para nerds que corren



Perfil de elevación y vista de relieve (Google Earth)
Son las 6 de la mañana, y aunque esté totalmente listo para correr, debo retrasar la salida, pues llueve y aunque eso no supone ningún problema al correr en la calle, el final de la ruta que es por cerro, puede tornarse muy impredecible con agua y sin luz, pues aún no me hago de una linterna decente, por fin a las 7:00 para la lluvia empieza a aclarar el día y es momento de partir.

Conozco la perfección el tramo en ciudad, cada subida me cuesta reservarme y no subir a toda velocidad pues sé que conforme avanzo el tramo será mas duro, con la mitad de la semana en paro, y la otra a un ritmo muy conservador, esto es lo que necesitaba, lo que tanta falta me hizo.

Ya en el kilómetro 8 se divisa a lo lejos la cima del cerro, una iglesia lo corona y un coche que casi me pasa por encima me recuerda que sigo en la calle un kilómetro mas y estaré en el hermoso, lodoso e impredecible camino.

Empiezo a sentir el lodo y algo se apodera de mi, corro como si fuera en una pista, voy rápido y ascendiendo, escucho mi corazón como si lo tuviera en mis oídos y no en el pecho, el penetrante olor de la hierva y la humedad me transforman y ahora me siento como un animal que va tras su presa, escucho solo mis pasos, mi respiración y mi pulso, no necesito nada mas, estoy feliz, estoy entero, estoy en mi naturaleza y no quiero irme, no quiero que termine el camino.


Sendero de la ruta
Puedes entender muchas cosas de la vida al correr en un cerro, el camino es duro, varias veces tuve que parar pues el cuerpo exigía un respiro hondo y un trago de agua, pero cuando logras sobreponerte a eso, y decides seguir ascendiendo, aunque parezca difícil, y en algunos puntos hasta imposible, llegas a la cima y te das cuenta que, por la vista, el camino realmente mereció la pena:


Panorámica de la ciudad

Panorámica de la ciudad

Panorámica de la ciudad

Iglesia en la cima del cerro

Puente improvisado

Ya en la cima, un bocadillo, y ahora la parte mas divertida ¡El descenso! juro que fui Kilian Jornet y Anton Krupicka por 5 minutos, esquivando una roca, apoyando en otra, resvalándome por la arena suelta, saltando para evitar bajadas abruptas todo en un espectacular sendero trazado por corredores y ciclistas de montaña, algún conejo que pasa es la única compañía en este salvaje camino.

De pronto llega la realidad, termina el cerro y estoy en una acera de la ciudad, esperando por el autobús que me lleve de regreso a casa.


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